Proyecto centro municipal de juventud en Ruzafa

Los solares ya no son solo solares. Arquitectos y vecinos los transforman. Artistas se recrean con la decadencia de Detroit. Las medianeras muestran el esqueleto de los edificios derruidos. El esqueleto se cubre con pintura.

Si un solar, ha tenido vida como tal, ¿se puede manifestar en la arquitectura?

0_Memoria

1_ Emplazamiento

2_Entorno

3_Planta baja

4_Planta primera

5_Planta segunda

6_Planta tercera

7_Planta cubiertas

9_Alzados y secciones

10_Alzados y secciones

11_Axonometría

12_ Cónica

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Arquitectura de lo invisible II. Complejidad y contradicción en la arquitectura

Nos encontramos en 1962, con la arquitectura posmoderna más que pisándole los talones a la modernidad de principios ya caducos, como demuestra Robert Venturi en Complejidad y Contradicción de la arquitectura. Este libro nos descubre el funcionamiento de la arquitectura llegando prácticamente hasta sus entrañas, de forma que incluso la antena de televisión se convierte en escultura y símbolo de uno de los edificios expuestos. Para ello pretende hacer una aproximación que parta más desde la conciencia como parte de la creación y de la crítica que desde la formación como arquitectos.

“Los arquitectos hoy están demasiado educados, para ser primitivos o totalmente espontáneos y la arquitectura es demasiado compleja para que se aborde con una ignorancia mantenida cuidadosamente.”

Esta afirmación es una clara crítica  a la Arquitectura Moderna, sin embargo trata un tema vigente hoy en día, desconozco si a nivel profesional pero evidentemente sí a nivel educativo, pues en algún momento hay que comenzar a aceptar bases desde las que actuar. No obstante en algún momento hay que empezar a rebatirlas y ponerlas en duda. ¿Se enseña esto en la escuelas? En cualquier caso, con la formación nuestros gustos cambian, incluso ante el peligro que implica alejarnos de los gustos de la mayoría de las personas para las que se proyecta normalmente.

Con este y otros temas introduce el cómo de su análisis, para dar paso a la “arquitectura compleja y contradictoria basada en la riqueza y ambigüedad de la experiencia moderna”, como fondo y elemento constante a lo largo del ensayo. A partir de aquí, mostrará las decisiones plagadas de incertidumbres y problemas de la arquitectura, pero también la profunda complejidad interior de la arquitectura más sencilla. Esta arquitectura, de no ser compleja interiormente puede llevar a excluir consideraciones importantes. En este punto resulta significativa la comparación entre pabellones y casas. ¿Son comparables? En mi opinión, los pabellones son válidos como lugares de experimentación e incluso como contendedores de vanguardia arquitectónica, pero nunca podrán ser realmente análogos a las viviendas. De todas maneras constituyen una manera muy eficaz y menos comprometida de experimentar y por lo tanto, tienen un papel fundamental en el avance de la arquitectura, que siempre tiene esa doble vertiente revolucionaria y de evolución, cuya frontera a veces es realmente compleja de encontrar.

Tras este análisis más funcional, defiende el valor de lo dual, asado en la “percepción simultánea de un gran número de niveles”; que permite generar conflictos y dudas en los espectadores para dar lugar a una experiencia más viva. Inevitablemente esta apreciación recuerda a corrientes artísticas como el hiperrealismo, cuya representación vívida de la realidad buscaba inquietar al espectador e incluso tal vez que comenzara a ser más parte de la obra de arte. De manera similar, este valor realza la arquitectura como aquello que termina de formarse con la interacción de las personas y sus percepciones cambiantes. No obstante, también nos habla de la importancia de la ambigüedad y lo multifuncional. De esta forma, elementos como anomalía e incertidumbres resultan validadoras de la arquitectura cuando, una vez establecido un orden, estas deben romperse en muchas ocasiones debido al medio.

Respecto a la historia y la evolución de la arquitectura, defiende de nuevo la dualidad, en este caso entre lo inmediato y lo especulativo, así como entre lo evolutivo y lo revolucionario. De aquí se entiende la importancia de aceptar la arquitectura del momento cómo heredera de un proceso, pero a su vez es importante buscar más allá, mediante métodos como el diferente uso de lo tradicional, algo ya empleado en otras artes.

Esta idea de dualidad, reafirma más la visión de la arquitectura llena de contradicción y la complejidad, siempre que no se obvien las necesidades del programa, del lugar y de la sociedad. No obstine, realiza una diferenciación entra la contracción adaptada y la yuxtapuesta. La primera implica la flexibilidad de un prototipo, como un todo “impuro”, en ocasiones con fuertes contrastes que no son más que esa excepción al orden como respuesta al medio. Se trata de una complejidad casi con toda seguridad, necesaria y justificada. Por otra parte, la complejidad constante, como si en vez de ser la ruptura fuera la norma, para crear ritmos y relaciones con constantes tensiones. Sin embargo donde la tensión es más evidente es  en la relación entre el exterior y el interior, pues de lo contario se obviarían cuestiones por resolver de gran importante, incluso aunque un edifico pueda ser ” más o menos incompleto en la expresión de su programa y su forma”, aceptando el fragmento como una posibilidad. Al fin y al cabo resulta difícil comprender la arquitectura como algo completo en cualquier circunstancia, cuando depende de factores variables, ¿no debe ser incompleta para que se permita la interacción con el tiempo y los habitantes? Además, una vez aceptada la evidente caducidad de nuestros gustos es importante permitir la diversidad en la experiencia, jugando siempre con este límite para permitir la evolución en la arquitectura y la respuesta a las necesidades del momento.

En conjunto, este ensayo ya citado en muchas ocasiones como una desmitificación de los “sabios”. Arquitectos que incluso hoy en día son la base de las escuelas. Tan solo hay que ver cómo el posmodernismo ha pasado a ser ese tema de estudio opcional al final de la asignatura de historia de la arquitectura. Pero plantea mucho más. Diversidad de temas que hoy en día aún son cuestionados, al menos desde la perspectiva de un estudiante. De esta forma, más que cerrar cuestiones abre nuevos debates, que en su momento debieron ser complicados de abrir, tras un arquitectura en la que todo parecía estar hablado. Pero eso es imposible.

Mansilla + Tuñón – Hotel Relais-Châteaux Atrio

Construir en un casco histórico es algo complejo. Más aún cuando el lugar de construcción tiene edificios preexistentes. Es como un reto. En este proyecto, Mansilla y Tuñón no solamente se enfrentan a este reto en pleno centro de Cáceres, sino que son capaces jugar con él, hasta conseguir una arquitectura en la que lo tradicional y lo contemporáneo se retroalimentan entre ellos como simbiontes.

1_Estrategia de construcción de la entrada

2_Estrategia geométrica

3_Redes de espacio público y transiciones

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BIBLIOGRAFÍA:

El Croquis, Mansilla + Tuñón. Geometrías (161), 320-343.

AV Monografías, Mansilla + Tuñón 1992-2011 (144), 108-115.

Diseño Interior, Arte habitable (225), 66-77.

Arquitectura Viva, Transformaciones (148), 18-19.

ON Diseño (317), 44-49.

Arquitectura de las autocaravanas

Durante los últimos meses hemos estado proyectando un camping en una playa próxima a nuestra ciudad. Cuando pensaba en su arquitectura intentaba recordar lo vivido en lugares similares para que los espacios fueran lo más acorde con lo buscado por las personas que los habitaran y a su vez mejorar lo preexistente. Según mi experiencia en el urbanismo del camping hay puntos fundamentales: los baños, los fregaderos y las fuentes. En los baños puedes saber al instante el país en el que te encuentras, según la manera en que te saluden, o no, las personas y es donde seguramente conocerás a más de un vecino haciendo cola en las duchas. No obstante, los fregaderos son el centro social por excelencia, donde pasas bastante rato rodeada de personas en principio desconocidas. También lo pueden ser las zonas de vaciado y las fuentes, aunque depende del lugar y de la cantidad de personas y fuentes que haya. En contraposición, lugares como el supermercado pueden ser meros trámites.

Respecto a la arquitectura de la vivienda, las caravanas y autocaravanas siempre me han parecido más próximas a la idea de refugio que incluso la propia cabaña. Quizás porque cuando has estado en más de un lugar extraño con ella esa sensación de protección aumenta. Otra de las cosas más curiosas de las autocaravanas es su aparente transparencia. Por el exterior puedes saber exactamente su distribución interior y con un poco de astucia hasta la relación entre los habitantes. Este sería un ejemplo de radiografía a una autocaravana:

Análisis

Puede parecer un tipo de arquitectura poco variable y de hecho lo es. Sin embargo, según las necesidades van cambiando, es bastante común realizar cambios. De esta manera nos aproximamos cada vez más a la complejidad para llenar el lugar de pequeños detalles que hacen que estos espacios tan modulados y muy marcados por lo prefabricado se acaben convirtiendo en piezas incluso más personales que las cabañas, las cuales únicamente son habitadas durante un breve lapso de tiempo por distintas personas. En este caso, ¿qué puede aportar el camping a las viviendas móviles? Un espacio exterior flexible, que permita una correcta relación interior-exterior.

La arquitectura de la autocaravana jamás se reduce al espacio cerrado, basta con ver cómo las ventanas se abren abatiéndose hacia arriba para ganar espacio y proteger a su vez de efectos climáticos como la lluvia. Pocas cosas pueden ser casualidad en un lugar tan reducido. De una manera muy similar a The Box, de Ralph Erskine los espacios interiores cambian con el tiempo y el salón se convierte en dormitorio, de manera que normalmente al acampar el interior queda transforamdo en una zona de noche mientras que el exterior se convierte en un salón comedor.

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La orientación también es crucial, pues los cambios de temperatura en un espacio pequeño son muy  acusados. Por este motivo a la hora de proyectar una parcela existe una forma más favorable de predisponer la colocación de las autocaravanas, aunque además es importante  garantizar la libertad del usuario. En concreto, en climas cálidos situarse “mirando” hacia el este es preferible evitarlo, pues aquí las autocaravas suelen alojar una cama en la parte más alta, donde fácilmente se concentrará el calor a primera hora de la mañana.

Podría decirse que el espacio reducido y las circunstancias en las que se habita este espacio hace que sea un lugar especialmente delicado y en contacto prácticamente directo con un entorno variable. Por este motivo todos sus elementos son cuidados al milímetro y son fácilmente accesibles para el usuario, por lo que se convierte en una arquitectura muy próxima a las personas. Esta clara sensación de pertenecia y refugio en el interior se puede convertir en una relación difusa con el exterior, donde lo colectivo y lo privado toman nuevas dimensiones, dificiles de experimentar con otros medios.

Sorberle todo el jugo a la vida. The Box, Ralph Erskine. Le Cabanon, Le Corbusier.

 

“Me fui a los bosques porque quería vivir sin prisa. Quería vivir intensamente y sorberle todo su jugo a la vida. Dejar a un lado todo lo que no era la vida, para no descubrir, en el momento de mi muerte, que no había vivido”

D. Thoreau

No importa realmente la época. Desde los murales de pinturas romanas, pasando por el romanticismo hasta llegar a la actualidad, la naturaleza sigue siendo parte inseparable de nuestra identidad como seres humanos. De lo contario, ¿por qué un arquitecto como Le Corbusier diseñaría ciudades enteras y enormes viviendas para terminar su vida en una pequeña cabaña frente a la inmensidad del mar? ¿Qué llevaría a Erskine a abandonar Inglaterra y partir practicante con las manos vacías rumbo a Suecia, donde construiría con sus propias manos una vivienda de reducidas dimensiones en un bosque junto a sus dos hijas recién nacidas y su mujer? Thoreau quería sorberle todo el jugo a la vida.

¿Se podría aplicar a la arquitectura? ¿Cómo sorberle todo el jugo? El espacio en las cabañas es indudablemente reducido, pero es posible jugar con nuevos elementos intrínsecos en la misma arquitectura para romper lo que en principio podría parecer limitado. De esta manera, lo preexistente y el tiempo da vida a lo construido. Al menos, esto podría deducirse de las cabañas analizadas, incluso aunque cada una de ellas surgieran en contextos completamente distintos.

La construcción de The Box coincide con los comienzos de la vida profesional de Erskine, quien emigró Suecia atraído por la arquitectura moderna y funcionalista que apelaba a los humano, la sensatez y la proporción. Además, Suecia se presentaba como un país neutral, cuyos principios estaban fuertemente vinculados con sus ideales socialistas y pacifistas. Allí estuvo un tiempo trabajando en el estudio de arquitectura de Weijke y Odeen, hasta que estalló la guerra en Europa y con ella un periodo de dificultades laborales y económicas. No obstante, Erskine consiguió algunos nuevos encargos y durante este tiempo un amigo granjero le ofreció un solar en una ladera boscosa de Lissma para que se construyera una casa. De esta manera, en el invierno de 1941 Erskine  y su mujer Ruth construyeron The Box, con ayuda de Aage Rosenvold, un danés que estaba realizando un curso de ladrillo y a partir de ese momento se convirtió en su socio.

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Dentro del terreno del que disponían para la casa, eligieron un claro y jugaron con el lugar como elemento inseparable de la cabaña. De hecho podríamos decir que lo preexistente forma parte literalmente de The Box desde el momento en que Erskine emplea los materiales del lugar para la construcción de esta vivienda de 6 x 3,6 x 2 metros. Por ello, la caja que envuelve el espacio diseñado está formada por una estructura de madera de los pinos del bosque en el que se encuentra. La madera se dispone de forma distinta según la posición en la que se encuentra: el cerramiento inferior está formado por listones (1), mientras que en los cerramientos laterales la madera pintada (2) se superpone a la madera tradicional sueca (3), para garantizar la estanqueidad y evacuación del agua. Además en su interior encontramos una potente chimenea probablemente sobredimensionada, que se proyecta al exterior (4) y formada por ladrillos de un viejo horno abandonado del lugar e incluso utilizó un viejo somier como armadura del hormigón.

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Este volumen, se posa elevado sobre un basamento de rocas (5) que soluciona el desnivel del terreno, le aporta autonomía y soluciona posibles problemas de humedades y acceso de xilófagos. Además este gesto permite que el acceso a la cabaña sea cambiante con las estaciones pues, con la nieve, la distancia a salvar disminuye. En cualquier caso, la entrada supone un proceso, especialmente con ausencia de nieve, ya que en este caso solamente es posible por la fachada norte a través de un escalón más elevado de lo normal. Hay que tomarse un tiempo… Se trata de una transición. Vamos a entrar en un espacio autónomo. De protección. Un refugio, como un templo. De hecho, esta secuencia es empleada en algunos templos para alcanzar las salas principales y ha sido también traducida por otros arquitectos Luis Barragán en la Casa Gilardi, aunque en este caso la transición se produce en un espacio y tiempo más prolongado.

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Como una casa hecha en base al tiempo y el paisaje, donde el acceso podría ser parte del ciclo básico de habitar, The Box forma parte de un segundo ciclo mucho más prolongado, para permitir que su cara norte se trace completamente en invierno y desdibuje hacia el final de la estación. Para ello, los habitantes recogen madera conforme se aproxima el frío, que se va posando sobre el marco de 70 cm de profundidad de la fachada norte y conforme se va quemando durante el invierno, la superficie de madera interior queda paulatinamente descubierta.

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No obstante, aún existe un tercer ciclo. Un ciclo diario. Este ciclo se evidencia en la distribución cambiante, por medio de mecanismos que podrían aproximar a la casa a una máquina de vivir, pero especialmente por los procesos mencionados anteriormente podría recordarnos más a la idea metabolista de la arquitectura como un ser vivo y cambiante, que se adapta y responde a las circunstancias que le rodean, fundiéndose con el entorno. Aquí, ya no necesitamos “trucos” como el solado continuo interior-exterior o el diseño de vegetación de hoja perenne, pues ya es sumamente evidente la absoluta integración con el lugar y el tiempo.

Retomando los mecanismos diarios de la vivienda. The Box está formada por una única habitación que queda dividida en dos espacios por medio de la chimenea para aprovechar de la forma más eficiente posible el calor. Por una parte encontramos la cocina y por otra parte el salón, que contaba con una mesa abatible a modo de estudio, una mesa de comedor, sillas y un sofá. Durante la noche la mesa de trabajo se podía plegar gracias unas bisagras sobre la misma estantería que contenía los planos. Finalmente la mesa se ocultaba tras la puerta del armario para permitir abrir el sofá que pasaba a ser una cama y que también podía elevarse hasta el techo para liberar el espacio. Además toda la zona de almacenamiento se encontraba en la fachada norte, funcionando a su vez como aislante térmico. Frente a esta zona más cerrada el sur se abría a través de una gran cristalera que daba a un porche, que permitía ampliar la zona de vivienda durante los meses más calurosos.

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Pero, todo esto no es la vivienda. Solamente hay que ver el plano. La vivienda se expande. Resulta absolutamente incomprensible sin aquello que la envuelve. Los distintos ritmos que hacen que se conforme la caja rebosan los límites hasta conformar caminos que completan el espacio, creando una tensión evidente entre el exterior y el interior. Por un parte encontramos el pozo (1), ya que la casa no contaba con agua corriente y la familia debía aproximarse allí para abastecerse de agua. También encontramos panales (2) y un jardín donde cultivar alimento (3), probablemente influenciados por las dificultades económicas por las que habían pasado momentáneamente, aunque durante los cuatro años que permanecieron en la casa, Erskine recibió más encargos de los esperados. También contaba con un palomar (4), que nunca fue construido.

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Todo este proceso enraíza con las ideas de Erskine de la arquitectura como un diálogo que responde a las necesidades específicas de la persona, el tiempo y el lugar, con una construcción modesta en cuanto a materiales pero rica en cuanto a reflexión y vida. Sin embargo, dista de la crítica que hacía el arquitecto en cuanto a la vivienda aislada, pues su único medio de comunicación con el poblado era mediante un recorrido aproximado de una hora y media a trineo, con esquís o en bicicleta. De todas maneras, a los cuatro años se mudaron a la ciudad y conservaron la cabaña como un lugar de vacaciones, hasta que se fue degradando y posteriormente fue reconstruida para pasar a formar parte del Museo de Arquitectura local de Lovön.

Algo más próxima a la población, se sitúa Le Cabanon de Le Corbusier. De hecho, esta cabaña fue construida adosada al restaurante l’Etoile de Mer en la costa Mediterránea en Roquebrune (Francia) en 1950. En esa misma zona se encontraba también la casa de Elieen Gray (antigua amiga y colaboradora) y posteriormente también construiría un cobertizo a modo de estudio. Pero no únicamente la situación y el clima era muy diferente al de The Box, sino también su proceso y medios. Aunque exteriormente parece una cabaña rústica construida con madera del lugar fue absolutamente prefabricada en Córcega y transportada por vía marítima y tren, frente a el sobrio trineo con el que Erskine transportaba los materiales más pesados. De hecho, el interior presenta un aspecto altamente sofisticado y moderno, con madera contrachapada que contrasta con el exterior, como muestra de la característica dualidad en la obra de Le Corbusier. Curiosamente, hoy en día el exterior aparentemente vernáculo presenta un mejor aspecto, mientras que el interior ha quedado indudablemente deteriorado. En cualquier caso, es innegable que los medios de los que disponía eran infinitamente diferentes a los de Erskine, incluyendo las personas a las que podía recurrir y su disponibilidad en tiempo. De hecho, Le Corbusier cuenta que el plano fue hecho en cuestión de minutos como regalo para su mujer y durante la construcción Jacqes Michel fue en representación del arquitecto. Además el diseño del interior fue lo que más tiempo le llevó y contó con ayuda de colaboradores como el ebanista Charles Barbis y el ingeniero Jean Prouvé, precisamente conocido por la utilización de elementos industrializados en la arquitectura, aunque este último abandonó el proyecto por motivos desconocidos.

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“El 30 de diciembre de 1951, en la esquina de una mesa de un pequeño chiringuito de la Costa Azul, dibujé, para regalárselo a mi mujer con motivo de su cumpleaños, los planos de una cabañita que al año siguiente construí sobre un peñasco batido por las olas. Estos planos fueron hechos en tres cuartos de hora. Son definitivos, nada he cambiado. La cabañita fue realizada tras pasar a limpio aquel dibujo. Merced al Modullor, la seguridad en el camino fue total. Al examinar estos dibujos, el lector comprenderá por si mismo que los dimensionamientos de carácter modular aportan seguridad, dejando el camino libre a la imaginación creadora.”

Le Corbusier

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Por otra parte, frente al imponente paisaje, la cabaña se cierra a diferencia del mirador orientado de The Box. Únicamente abre pequeñas ventadas en todos sus lados, que permiten aislar del caluroso exterior y enmarcar el paisaje en el sentido más amplio de la palabra, mostrándonos detalles de la naturaleza más que las amplias panorámicas de la costa. En concreto encontramos una puerta vidriada, dos aberturas verticales para la ventilación y tres ventanas. Una de ellas de 33×70 cm y la otra de 70×70. A través de ellas se observan una roca, un árbol y el horizonte, como materiales primarios de la composición de la arquitectura de Le Corbusier,  como si al mirar al exterior se estuviera en realidad buscando y mirando a sí mismo. Esta presencia tan predominante del arquitecto también se puede apreciar en las grandes pinturas que acompañan el contrachapado en el interior, especialmente en las contraventanas y en el acceso. Aquí podemos encontrar un pequeño recibidor de dos metros cuadrados, separado por un tabique con la pintura “le mer” y unos percheros pintados que nos indican la función del área: la transición. Si Erskine jugaba con la altura de la cabaña, Le Corbusier juega con el mobiliario y la pintura para recordarnos la función protectora de la casa.

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No obstante, si hay algo en lo que se parecen ambas construcciones es en la búsqueda de la reducción del espacio al mínimo, de hecho todos los elementos de le Cabanon cuentan con las medidas estrictas de le Modulor y por ello la altura es exactamente de 2,66 metros, a excepción de la zona del armario, donde es 43 cm más alta. A partir de estas medidas y en 16 metros cuadrados, le Corbusier dispuso una organización en espiral, como si todo el espacio fluyera desde el interior. Para ello organizó cubos de 2.26×2.26 metros que distribuyen el espacio en funciones y zonas. Cada uno de estos cubos muestran sus funciones a través de las ventanas mencionadas anteriormente, de manera que el estudio se relaciona con el horizonte, el agua interior con la roca y el descanso con la roca.

“En resumen, en los espectáculos arqutiectónicos, los elementos del lugar intervienen en virtud de su volumen cúbico, de su intensidad, de la calidad de la materia , y son portadores de sensaciones bien definidas y bien diferentes (madera, mármol, árbol, césped, horizontes azules, mar cercano o lejano, cielo). Los elementos se elevan como muros ataviados en potencia de su coeficiente cúbico, estratificación, materia, etc., como los muros de una sala. Muros y luz, sombra o luz, triste, alegre o sereno. Hay que componer con estos elementos.”

Le Corbusier, 1924

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En un espacio tan reducido, los muebles son especialmente importantes en el diseño del interior. En concreto contaba con dos camas, una mesilla, un lavamanos (único elemento de acero), un retrete de porcelana (único elemento común e industrializado que consideraba estético para su cabaña) y un armario. Todos ellos se disponían en el perímetro, como continuación del cerramiento para permitir crear un espacio central independiente, con las medidas idóneas para una persona. El mobiliario está formado por elementos de geometría simple, siendo la mesa de madera de nogal en único mueble con elementos no ortogonales, sin tener en cuenta los apliques de los muebles. Estos, al tener contacto directo con la mano están redondeados, con formas muy similares a los utilizados en la Unité de Habitación y como muestra de la importancia del estudio del hombre y de las formas, para realizar arquitectura. Además los muebles siempre añaden a su propia función la de contenedores, para contrarrestar el espacio reducido. De la misma manera, el techo cumple nuevas funciones a las que no estamos acostumbrados. Por ello, está dividido en dos partes iguales, con la finalidad de marcar las distintas zonas. A su vez la primera zona de descanso presenta tres franjas, pintadas en blanco, verde y rojo y en la parte del escritorio dos  partes están pintadas en blanco y otra en azul, que sería la zona del armario.

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Le Cabanon supone una síntesis o al menos un estudio de la arquitectura como máquina de vivir y refugio realizado a partir del estudio del hombre, alejándose de cualquier casualidad o irracionalidad. Sin embargo presenta una fuerte indagación artística, concibiendo la cabaña como una escultura, donde se incorporan relaciones ya empleadas en el mundo del arte como la proporción áurea. Estas proporción se aprecia tanto a gran escala entre la altura y la longitud de la vivienda, como en los taburetes. Así, se pretende que desde el envolvente, pasando por el mobiliario hasta llegar al habitante configuren un todo harmónico, que a su vez se invisibilice al exterior con ayuda de la vegetación que rodea todos sus lados menos uno.

Precisamente en este lado, se vuelve a producir la contradicción. De nuevo, la vivienda se extiende y pasa a estar formado por cuatro partes: Le Cabanon como refugio, L’étoile de mer, como espacio social, con cocina, comedor y baños, el estudio y el algarrobo como altar que a su vez provee sombra.

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La cabaña queda incompleta sin el resto de elementos, ¿significa un fracaso en la búsqueda del espacio mínimo o más bien es una evidencia de la necesidad de replantear las funciones en la arquitectura? Que elementos como la cocina quedaran expulsados del refugio, ¿debería hacernos pensar entorno a nuestro modo de vida y la arquitectura? Se trata de un ejemplo concreto en un espacio habitado únicamente en temporadas concretas, pero el análisis subyace o debería subyacer común a ambos proyectos y a todos los proyectos. Además Le Cabanon pretendía ser extrapolable a otras viviendas de vacaciones y enraizaba con diseños previos entorno a las residencias estivales, como resultado del crecimiento del turismo. Incluso se llegaron a construir cinco residencias temporales contiguas con la misma distribución en la ladera próxima, en parte como resultado de un proyecto que pretendía construir junto Rebutato, el dueño de l’Etoile de mer pero que no llegó a construirse como tal por problemas de financiación.

Russeau decía que el hombre era bueno por naturaleza y la sociedad lo corrompía. Muchos afirman que hacia el final de su carrera Le Corbusier vio en aquel cavo de la costa francesa su paraíso rousseniano apartado de las contradicciones y conflictos del urbanismo al que se había dedicado durante su carrera. Erskine se vio en parte obligado a vivir durante un tiempo algo lejos de ese entorno social inmediato indispensable para el desarrollo de las personas. A partir de ahí ambos utilizaron los medios que tenían a su disposición. En el caso de Le Corbusier el estudio de Le Modulor y la prefabricación, que además le permitiría aplicaciones fáciles posteriores y como consecuencia de experiencias previas en proyectos de vivienda mínima. Respecto a Erskine, parece extraer más jugo a lo inmediato que a la experiencia, aprendiendo de la tradición que le rodea, más que buscando soluciones universales. Ambos aprovecharon estas oportunidades para indagar en la arquitectura expuesta a extremos, ya sea en términos de espacio o de climatología. En dichas circunstancias el tiempo, el entorno y el estudio del ser humano se volvieron claramente indispensables, probablemente como aquello que queda en esa reducción al máximo.